Hoy 13 de agosto de 2012,
el último de mi minoría de edad, un día antes de mi decimoctavo
aniversario, he decidido empezar a escribir un diario que contendrá
mis pensamientos más íntimos, mis deseos más caprichosos, mis
imaginaciones más profundas y mi ser más completo.
Es cierto que llegado el
momento, te lo planteas todo, desde tu recuerdo más remoto, hasta el
último segundo antes de las campanas de las doce de la noche, que
suponiendo que funcionen, estaré despierta para escucharlas, y
deleitarme con sus molestos sonidos, poniendo fin a esos dulces 18
años vividos con mucha intensidad, mucho amor y muchas experiencias.
Por esas puras
casualidades mundanas, me acabo de encontrar, una fotografía del
1995 (no la he estado buscando, me ha estado buscando), con un año
recién cumplido de edad. Me veo con una cara de pura inocencia,
inmensa felicidad y un vacío emocional que llega más allá del
infinito universal. Con una pulsera de oro bañado, otra de goma
negra, un vestido de colores (definitivamente hippy), con un fondo
oscuro, con el cabello corto, boquiabierta, unas pupilas delatadas de
color negro como la noche, mirando algún rincón del universo
felizmente. Me veo muy feliz. Aislada del mundo, con la típica
ignorancia de una niña de un año, nunca lo hubiera deseado.
Una hora y cincuenta
minutos para las doce. Estoy deseando no haber vivido nunca, o al
menos no haber crecido tan rápido. ¡Que alguien pare el tiempo! Me
estoy sintiendo desolada, ignorada, sola, sin nadie que me consuele.
Tengo que salir. Supongo que volveré justo minutos antes de la hora
decisiva, la que hará que mi pasado y mi futuro tengan un mismo
instante de placer para compartir, la que hará que mi pasado, mi
presente y mi futuro no tengan sentido, la que hará que mi
respiración pare, hará que mi corazón se acelere, mis sentimientos
se hielen, mis sensaciones se bloqueen, mis emociones se enfríen...
la que será un nuevo punto de partida, a un mundo desconocido, pero
real. Hasta luego.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada